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[COLUMNA] 16 DÍAS DE CUARENTENA: LA EXORCISTA

Figuro en un sillón de mi casa, con un cajón peruano como escritorio, el café de la mañana helado y la televisión acompañando de fondo, en mute, por supuesto. La subo solo para la franja del Señor Mañalich (que juega bastante con mi tiempo y el de mis colegas, ejem) y para ver a la Tonkita, que me recuerda a Felipito (me lo imagino en la calle, jamás encerrado mi Halcón). En fin.


Empecemos por desmitificar. No por ser periodista me gusta escuchar todo el santo día las noticias, de hecho, me carga. Prefiero leerlas y no comentarlas. Eso sí: aplaudo desde mis entrañas a cada uno de esos periodistas que LITERAL está entregando su vida para contarnos qué pasa en el país y el mundo con este bicho de mierda. Los respeto 'cabros'.


Volviendo a la columna, si bien la semana pasada me asaltaron las dudas, la rabia y la vergüenza por la calidad de la salud en Chile, estos días la melancolía y la resignación me han abrazado. Y bien fuerte.


Además de que me cargan los abrazos, soy de esas personas que no llora de pena, sino de rabia: conmigo, con el e-commerce estafador de algunas tiendas (no mencionaré marcas porque pucha, todos somos hermanos ahora), con algún ex, con esa que decía ser tu amiga pero en realidad es una real desgraciada y mala leche, con los que nos deben plata y no dan cara, con el sistema, con las isapres, con los que reclaman y no hacen nada, y tanto más...


Sin embargo, esta última semana de cuarentena (AHORA TOTAL EN MI COMUNA) no podía llorar.


El panorama era el siguiente: la Bolsa se desplomaba cada vez más y yo participaba de reuniones financieras donde lo único que podía concluir era: ESTÁ LA CAGADA Y AÚN NO ESTAMOS EN LA PEOR PARTE. Desde el país del norte nos adelantaban puras huevadas terroríficas. Muy motivante como se podrán imaginar. Salí de cada reunión peor que la anterior. Me pesaban los brazos, sentía que había corrido una maratón y para qué hablar de la migraña. Satánico.


Eso, asumo, hizo que me pusiera melancólica. Me acordé de tantos esfuerzos de mis papás, de mis amigas power emprendedoras y de todo lo que habíamos hecho con mi socia, la Nati. La pena era negra y lo peor era que no caía ninguna lágrima. En eso decidí transparentar mi "depresión express" auto diagnosticada y en lugar de lanzarme al Chandón del refri, conversé con la Nati. Me recomendó ver películas de tragedias griegas para que botara el llanto contenido y, después de varios intentos, su técnica funcionó. Llevo días de "terapia de shock asistida" viendo lo más cebolla de Netflix.


Ahora sí me hace sentido tener confort en grandes cantidades. Ahora lo entiendo, cabros. Porque amigos, francamente nadie puede cagar tanto como para llevarse todo el papel higiénico de un súper. Esta vez les hablo a ustedes Señor y Señora privilegiados del sector Oriente, si no son Opus Dei (que bien pasado de moda sería)... ¿Qué cresta hace con tanto confort? ¿Se disfrazan de momias? En serio que lo encuentro raro.


Ok. La resignación fue lo que vino después. A mi papá lo sigo en todas. Dicen que nos parecemos y mi mamá y mi hermano (el otro bando de la familia) asegura que somos IDÉNTICOS. Buenos para trabajar y la fiesta, rabiosos y comprometidos. Pero la semana pasada figurábamos totalmente resignados. Vestidos 'para ir a la pega' (él de camisa y yo de pantalón de cuero), pero arrastrando las patas. Algo que jamás nos había pasado juntos. Mi papá con sus empresas y yo con la mía, ambos entregados a las manos de una pandemia de mierda.


Me desesperó vernos así y de esa resignación pasé a la ansiedad. Igual la prefiero. Quizás estoy con demasiada energía como para estar encerrada con otros 3 humanos y 2 animales, porque ni yo me entiendo. El Pilates ha sido mi refugio, ya soy repostera profesional, tomé un curso de neuro marketing y otro de lettering. Me falta caminar por las paredes endemoniada y estoy. Como leen, figuro loca y encerrada, pero con la confianza de que de esta maldita crisis saldrán las mejores oportunidades. Demente total.


El próximo lunes les cuento si logré girar la cabeza como el Exorcista.


Bless.

hola@voix.cl

Cerro Colorado 5030 - oficina 510

Las Condes - Santiago de Chile.

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